
El pasado día 19 de septiembre de 2009, el editorial del diario “La Nueva España” con el título de “Rigor al contratar empleados públicos” está dedicado al Ayuntamiento de Gijón. En el mismo se critican los procesos de selección de personal, dadas las numerosas sentencias contrarias a dicha selección que el referido Ayuntamiento viene cosechando (ver editorial de La Nueva España).
Que el asunto sea tratado en el editorial del diario, que expresa la opinión del mismo, ciertamente nos satisface. La animadversión al mérito y capacidad y la preferencia por la dedocracia que tiene el partido gobernante en el Ayuntamiento de Gijón, exige el compromiso de todos los estamentos sociales, haciendo llegar a las consistoriales el rechazo que tal proceder genera. Al día de hoy, pese a la gravedad de unos hechos que tanto daño producen al común y que generan gran escándalo, el tejido social de este Municipio no ha reaccionado, y nos encontramos con una función pública deteriorada a la que se ha llegado por el silencio cómplice de unos y la colaboración necesaria de otros.
Al Ayuntamiento de Gijón debe hacérsele llegar que este rechazo no es lluvia fina de verano, sino que se estará ahí, siguiéndole, para denunciar tales hechos. Que tenga el convencimiento de que el respaldo social a la política de personal exige, por parte del Ayuntamiento, que abra el acceso a la función pública a todo aquél que demuestre mérito y capacidad en condiciones de igualdad con otros participantes.
Que el gobierno municipal acepte una función pública profesionalizada, garantía de una eficacia indiferente al partido gobernante, significará que, después de treinta y tantos años, hemos entrado en el Estado de Derecho, y que hemos abandonado el Ancién Régime, superando el spoil system. Para ello, ante la contumaz postura mantenida por el Ayuntamiento de Gijón, se hace preciso opiniones como la que gratamente nos ha sorprendido el pasado día 19, que ilustre a los gobernantes municipales sobre lo deplorable que resulta su conducta en esta materia, y esperar que éstos se muestren sensibles al rechazo social, abriendo el acceso a la función pública del Ayuntamiento en condiciones de igualdad a todos los ciudadanos. O eso, o ponerles una placa en el Ayuntamiento con los famosos versos de Diego Gómez Manrique (1412-1490), haciéndoselos jurar como la Constitución, por aquello de que al ser más explícitos igual se respetan más que ésta. Esos famosos versos, que hizo grabar en las consistoriales de Toledo, aún hoy día están en el zaguán próximo al salón de plenos de este Ayuntamiento, y dicen así:
<<Nobles discretos varones
que gobernays a Toledo
en aquestos escalones
desechad las afysiones
cobdicias, amor y miedos.
Por los comunes provechos
dexad los particulares
pues vos fiso Dios pilares
de tan rriquísimos techos
estad firmes e derechos>>.
Y es que, en definitiva, “Lo que fue, eso será y lo que se hizo eso se hará; no hay nada nuevo bajo el sol” (Eclesiastés 1:9)